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miércoles, 24 de febrero de 2010

Paraguayos en Estados Unidos analizarán estrategias sobre derechos al voto

Redacción Ápe Paraguay

La Red de Solidaridad de Paraguayos en Estados Unidos celebra su primer aniversario y este sábado 27 de febrero se reúne para compartir lectura sobre la situación actual de Paraguay. En la oportunidad, además se analizarán las posibilidades reales de lograr el derecho al voto de los ciudadanos paraguayos residentes en el exterior y el derecho a la doble ciudadanía, reivindicaciones reclamadas por los emigrantes paraguayos desde que en 1992, durante la constituyente, se permitiera el Artículo 120 veda los derechos plenos de ciudadanos a quienes no se encuentran en el territorio nacional.

Tras la caída de la dictadura, permitir el voto de quienes se encontraban en el exterior significaba mucho mayor inversión en los fraudes electorales. Existía una gran cantidad de perseguidos políticos, sus familias, amigos y parientes lejanos que podrían votar contra los que en ese momento se disputaban en las arenas políticas y no eran más que alumnos de Alfredo Stroessner. Con el tiempo, la forma de expulsión ha sido modificada: hoy, una de las causas principales de migración es el monocultivo en el campo, cuyo carácter es expresamente expulsivo de las familias campesinas, quienes terminan asentandose en Buenos Aires, España o Estados Unidos. La soja es la principal fuente de ingreso a la hora de mirar los números de la macroeconomía. Sin embargo, el dinero de la soja no es invertido en el mercado interno sino para condicionar políticas que mantengan el status quo. La soja prácticamente no tiene impuesto y quienes la producen en el país son empresas multinacionales extranjeras.

El dinero que sí se gasta y en forma directa en el mercado interno es la que sale de las remesas enviadas por miles y miles de paraguayos residentes en diferentes partes del mundo. Las remesas enviadas por los paraguayos a sus familiares representan una de las principales fuentes de ingreso, después de la soja y la carne. Sin embargo, quienes aportan a diario en la economía interna del país, no tienen derecho siquiera a tener doble nacionalidad y mucho menos a votar.

¿Ironía? Los legisladores y las autoridades de los tres poderes del Estado suelen viajar a menudo a visitar a sus correligionarios en el exterior. En Argentina, como en Estados Unidos y España, existen seccionales coloradas y comités liberales. Cuando existen internas, algunos partidos alquilan transportes para que sus correligionarios vengan a votar. Mas, en las elecciones principales, las que definen el rumbo del país, no tienen posibilidades de elegir. ¿Será que los referentes de los partidos principales del Paraguay en Estados Unidos, en España o en Argentina están de acuerdo con esos derechos a medias? ¿Por qué no ha sido presentado un sólo proyecto para la modificación del Artículo 120 de la Constitución Nacional en el Parlamento? Según algunos especialistas, convocar hoy a una constituyente podría ser contraproducente y lo que debería de hacerse es una enmienda constitucional. Por lo demás, los paraguayos residentes en Estados Unidos deberán tener en cuenta todos estos datos a la hora de discutir sobre los derechos de los migrantes y la situación política en Paraguay.

Datos:
Lugar: Josephine Butler Center, 2437 15th Street, NW. Washington. Aquí!
Día: Sábado 27 de febrero del 2010
Hora: 10 AM
Contácto: Mario Cristaldo.
Teléfono:(202) 213 1390

lunes, 31 de agosto de 2009

PARAGUAY: SOLO EL PUEBLO SALVA AL PUEBLO.


Federico Tatter. Asunción del Paraguay, 31 de agosto de 2009. Esta es una realidad que se expresa sin manipulaciones ni atajos, y menos cómo una fórmula secreta en manos de brujos o intermediarios terrenales entre el pueblo y el poder. La frase, llevada como estandarte por los movimientos sociales latinoamericanos desde la década de los setentas, siempre ha encerrado muchas verdades, participación real, y algunos riesgos, la manipulación demagógica. Hoy en el Paraguay, ella parece adquirir nuevamente un valor que implica creciente compromiso al interpelar al status quo conservador consuetudinario.

A partir del “votazo” del 20 de abril de 2008, que permitió la ruptura de la hegemonía del partido colorado por más de 61 años, se han abierto caminos que antes parecían cerrados para el movimiento social, nacional y popular.

Seamos realistas, el Paraguay nunca ha vivido en democracia. Los espacios llamados democráticos, se han reducido a un mínimo status de garantías para que las expresiones y posturas disonantes con el poder no fueran a la cárcel inmediatamente, o fueran tratadas con ciertas garantías.

El Paraguay recuerda solamente seis meses de una llamada “primavera democrática” en 1946, antes del advenimiento de la más atroz guerra civil que soportara la nación paraguaya, y que significó la toma del poder político absoluto por parte del partido colorado, Asociación Nacional Republicana, y se mantuviera en el poder por más de sesenta en una espiral ascendente de conservadorismo, ultraderechismo, de carácter totalitarizante y fascistoide, purgando todos los estamentos civiles y armados del estado y encolumnándolos en un proyecto de poder altamente concentrado a favor de una clase terrateniente de no más de veinte grandes familias.

El golpe de estado de 1989, que abre el paso a una “democracia de fachada”, en realidad fue un golpe palaciego, reacomodamiento de las clases dominantes de acuerdo a los nuevos protocolos del colonialismo norteamericano, que necesitaba estados alineados automáticos, pero que guardaran ciertas normas, garantías y que no fueran declaradas abiertamente como dictaduras pro-occidentales.

Esta es la razón por la cual el llamado proceso de transición a la democracia que se inicia en 1989 y se extiende más de la cuenta hasta el 2009, no fue más que una sucesión de proyectos fallidos surgidos del consenso de Washington, con el acuerdo de los embajadores norteamericano y brasileño, de acuerdo a la necesidades de defensa norteamericanas, de acuerdo a las necesidades del nuevo hegemonismo latinoamericano de Itamaraty, la cancillería brasileña.

A partir de ese “pueblazo” de abril de 2008, es donde se entiende la gran expectativa de la suma de voluntades de cambio, de ansias de autodeterminación, de búsqueda de la redención social del pueblo, de la nación paraguaya, en su gran diversidad y en su conjunto disperso de identidades. Y por el reglamento electoral, esa expectativa debe ser depositada en una fórmula, en un programa, en un partido, en una alianza, y se debe elegir por el voto directo, universal y secreto a una persona. Y es allí donde entendemos que quien sale sorteado para asumir tal voluntad es Fernando Lugo.

Pero lo cambios reales, las de la transformación radical o paulatina de las injustas estructuras sociales del Paraguay, no provendrán del pensamiento y voluntad de una persona, por más bienintencionada que fuere. Los cambios, por un poder ejecutivo efectivamente más receptivo, comprensivo, compasivo y humano, permitirán crear el clima, el escenario propicio para que los verdaderos liderazgos sociales, nacionales y populares, puedan salir a la superficie y disputar en el terreno de las ideas y de las acciones qué proyecto de nación es más viable para este trecho del siglo XXI que n os toca vivir.

Y en este proceso, claramente van apareciendo estos legítimos liderazgos, que no surgen de la nada, sino de la profundidad de la lucha social, con proyección histórica, desde la memoria histórica de la gran lucha popular del pueblo paraguayo que jamás ha olvidado sus grandes gestas civiles, gremiales, estudiantiles en las peores condiciones que pueda pensarse para el género humano. El movimiento popular es transversal a las comunidades, conglomerados y colectivos ya efectivamente existentes. Estos liderazgos sociales, no necesariamente saldrán de espacios diferentes a los partidos, clubes, asociaciones, sindicatos, grupos ya existentes, sino que comenzarán a ganar fuerza dentro de ellos mismos y también por fuera. El movimiento popular, no tiene dueño, no tiene padrinos, no tiene patrones, no tiene senderos prefijados para manifestarse, no tiene a nadie a quien obedecer.

Este gran movimiento popular del Paraguay, cuando se exprese por fuera de los partidos tradicionales, tendrá en su interior exponentes que habrán surgido de aquellos viejos partidos y que buscarán otros cauces. Y cuando surjan dentro de los partidos tradicionales, pues bien, comenzarán transformando primero revolucionariamente estos propios partidos, que al ser inundados por la participación popular cambiarán radicalmente de rumbo.

Pues bien, al no tener el pueblo ni viejos ni nuevos dueños, será nuevamente el soberano, y es allí donde cobra fuerza renovada la sentencia, que al pueblo sólo lo salva el pueblo. Sin mecías, ni salvadores unipersonales, todopoderosos, excluyentes o magnánimos, pero siempre arbitrarios, porque a su arbitrio y sólo al del él queda interpretar el “sentir popular”. En todo caso en un proceso representativo y participativo, donde ambas expresiones son confluyentes, sólo pueden existir los facilitadotes. Lo interesante del pueblo es que cuando se expresa, cuando participa, cuando elige con determinación su destino, no pide permiso ni está en obligación de inclinarse ante nadie, porque como dice el poeta argentino Piero: "porque el pueblo se lo ganó, al pueblo lo que es del pueblo, al pueblo, revolución".

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